lunes, 14 de febrero de 2011

Ven

Ven
Hace tres semanas te envié un correo en donde te explicaba seriamente lo que sentía por tu imagen, por tu nombre, por tu estilo, por tu perfil; hace tres semanas te declaré que mi mundo esta inverso, inmaterializado, inmerso en ti, te hice saber que las dudas me están desgastando, que me mantienen suspendida en un estado de incertidumbre, que no puedo seguir en pie y encontrarte por las calles añejas de Jalapa, ya no puedo siquiera imaginar tu silueta - te reconozco de lejos –. Es verdad que la ilusión de escuchar tu voz en el siguiente instante en el que te pienso me ensimisma, no existen aún las palabras exactas para describirte, para detallar el escalofrío que recorre mi cuerpo cada vez que te siento -literalmente te siento-, me molesta la idea de no sentarme una hora, un día entero, quizá todo un mes con el objetivo de olvidarte, de dejarte atrás, de mimetizarte entre los colores del ambiente en el que me suelo mover; me enfurece que no pueda controlar mi mirada cuando te diriges hacia mi; son pocas las veces que después de verte sonrío, muchas son las noches que lloro a causa de la frustración de tenerte cerca.

Hace dos meses que te conozco, hace uno que te besé aquella noche –hermosa fragancia que espira cada poro de tu piel- tus besos enteramente nostálgicos saben a los años 80 (¿será por que naciste en el 87?), tu lengua se deslizó suavemente por estepas situadas en mi diminuto cuerpo; tus manos dibujaron ríos, montañas, mares; pintaste incluso estelas que todavía permanecen en lo más profundo de mis pensamientos. Fueron dos noches que te regalé y ahora he olvidado cuántos días te he dedicado, infinidades de letras he escrito para ti, pensando en ti.

Hoy te vi platicando con una chica, quería hablarte, saludarte, quería hacer tantos ademanes para que notaras mi presencia, al final sólo me dedique a contemplarte de lejos, parecías despreocupado, atento en la platica, estabas de frente hacia mi, pude ver el delicado movimiento de tus ojos cada vez que parpadeabas –tus pestañas, alas de mariposas posando bajo la luz del sol- luego volviste tu cuerpo y fue cuando me enamoré de tu espalda, de tu cabello lacio, noté que movías tu pierna como sueles hacerlo cada vez que te impacientas –podría apostar que te conozco más que tu amiga. Pude haberte besado hoy-.

Explicaré claramente lo que te quiero decir, es importante que te fijes en cada palabra, en cada gesto, en cada tono; me gustas tú y tu mano temblorosa a causa de los nervios que se apoderan de ti, me gusta tu cintura por que se parece a la mía, me gustan tus preguntas -¿qué haces aquí?-, también me gustan tus respuestas –incluso las que son implícitas- me gusta tu labio inferior por que puedo morderlo, me gustan tus manos -son el instrumento principal de nuestro arte- me gusta tu pose retadora aún cuando no das miedo, me gustan las dos sílabas de tu nombre puesto que la primera coincide con las dos letras de mi nombre y la segunda rima con el monosílabo “ven”, me gustas tú y el sonido de tu voz -me gustan tus susurros-; me gustan tus pies imperfectos y tus piernas famélicas, hasta tu rostro mal moldeado me gusta.

Hace tres semanas te escribí para decirte cuan profundo es lo que siento y te pregunté tres dudas que han estado girando en mi cabeza, que hacen ruido y no me dejan dormir -parecen que mis ojos cuelgan-, hace tres semanas te pregunté y no he recibido contestación, o tal vez si y no me he dado cuenta, quizá tu respuesta sea no confesar lo que te he preguntado y es así como me lo dices todo y nada a la vez…

Lluvia



El cielo contiene,
Aguanta,
Sufre.
Hasta que explota.